martes, 5 de enero de 2010

¡Formen filas!

Las vacaciones de Navidad, cada vez son más unas fechas en las que el verdadero significado queda sepultado bajo las toneladas de regalos y regalos que nos dedicamos a comprar. Es asombroso, pero cada año tengo más compromisos, y por ende, más cosas que regalar.
El seis de enero por la tarde, de lo único que tengo ganas es de sentarme en el sofá a coser los bolsillos rotos de tanto meter la mano para sacar dinero; pero hay otra cosa que acaba peor que mi maltrecha economía: mis pies; 15 dias exhaustivos de shopping merman a cualquiera, y patearse la ciudad con bailarinas en busca de una ganga, puede resultar mortal.
Pero este año, lo único que ha quedado destrozado ha sido la tarjeta de crédito, porque mis pies han estado bien protegidos de cualquier contratiempo.
Me compré unas botas militares a principio de temporada; suela de goma con hendiduras para fijar el zapato al asfalto, cordones para ajustar el ancho de la caña, y banda elástica para poder flexionar la pierna con comodidad; pero lo mejor es que cada vez que me las pongo me gustan más. Desde minifaldas a vaqueros pitillos, combinan bien con todo y completan el look.

Ni que decir tiene, que este año no he recibido ni un sólo pisotón, aunque he de confesar que no sé los que yo habré dado; en fín; a mí nadie se me ha quejado... (por ahora).

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